¿Qué pasa con el cuento? Día 5

Jueves 26 de Octubre.


Pensaba que la clase iba a ser referida a un tema musical, pues la profesora, nos indicó que trajésemos algún objeto que hiciese sonido. En mi situación, he traído el silbato de árbitro que suelo utilizar.

La clase comienza muy diferente, todos somos llamados al centro de la clase, donde hacemos hueco para que quepamos todos, y nos ponemos en coro. Vamos diciendo nuestro nombre de uno en uno y todo cambia, en un principio teníamos que recibir como un disparo y lanzarlo diciendo el nombre de a quién se lo mandamos, de manera que al final de la actividad, y tras realizar diferentes formas de lanzamiento, he conocido el nombre de casi todos los de la clase, y digo casi todos, porque todos los nombres no me los puedo aprender en 10 minutos.


La segunda actividad es la existencia de un barco imaginario, debíamos dar vueltas por la clase, pero sin dejar un hueco libre para no hundir el barco y conforme nos encontrábamos con los compañeros, teníamos que saludar según el número que indicase la profesora, el 1 era con la mano, el 2 era con los ojos, y el 3 era un pequeño salto. Tras este barco, buscamos una pareja, y tuvimos que expresar sensaciones, convirtiendo a nuestro compañero en nuestra escultura, pero, ¿Cómo podía yo expresar la sorpresa? Intenté hacerlo de la mejor manera, pero entendí que no es quién lo haga mejor, sin no el hecho de hacerlo con todos.

Al terminar, por las parejas que habíamos hecho los microcuentos, tuvimos que buscar otra pareja, de manera que elegimos entre los dos cuentos, uno que representásemos. Marina era la narradora, otro chico era quien tocaba la flauta para dar ambiente, y Carlos y yo representábamos cada escena. Acabamos representando su cuento, que trataba de dos hermanos que llegaban a un mundo mágico y una señora les decía que le siguiesen y todo acababa en fiesta. Veía a todos los grupos salir, y cada vez que terminaba uno, más nervioso me ponía, en nuestro turno, representé cada escena como si en el cuento me encontrase, por lo que se me olvido que había gente mirándome e incluso pude representar la última parte del libro con un breve baile.

Cuando terminamos, comentamos un poco, lo que había sido esta actividad para nosotros, una pérdida de vergüenza, una sensación de comodidad, ya que nadie se había reído de nadie en cada representación, por lo que acabé muy contento de esta clase, ¡espero que se repitan mucho mas!.















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